sábado, 18 de mayo de 2013

Hoy que no estas.

Estaba perdido entre el mar de la distorsión alcohólica y la neblina del tabaco, aquella que no me permite buscarte. Esperaba tu auxilio como aquella noche de un lunes, pero nunca llego, te extrañaba y te sentía tan cerca y lejos a la vez, entre el recuerdo de tus besos y el cuadro de  tu presencia colgada en las paredes de mis sentimientos, en medio, en la decisión de alejarte y no saber más de ti por tu propia voluntad. 

Tenía en mis sueños planes tan absurdos como mis ilusiones tan egosentricas como mis intenciones.

Llego un día el cual decidí respetar tu destino, aquel día mi mente colgo en la pared totalmente tu problema. Y aunque mi corazón no lo entienda, encierro aquello que guardamos cautelosa mente en un baúl que se perderá en los días y en el tiempo.


Me encuentro extraviado en un bosque repleto de luces y sombras, entre el espacio de la neblina del aun tabaco que alguna vez me diste a guardar, aquella que se convierte en el antídoto para no extrañarte, la dosis perfecta para dejar de soñar en aquel futuro que hoy es mi peor enemigo, sueños que fallecen con tan solo nacer, quiero encontrar al silencio… para que cuente historias tan melancólicas como lejanas, tan dolorosas y dulces a la vez.

Estoy perdido, desorientado… no vasta tu recuerdo y mis extraños que se hacen cadáveres como los minutos y el tiempo, Arjona me dice que uno no está en el cuerpo si donde más lo extrañan, Sanz me dice que Hoy que no estás, el mundo se ha vestido de gris; de pena, el cielo se va llorando por el jardín. Hoy que no estás, mi cama no ha podido dormir… y yo no duermo por estar pensando en ti.

Mis motivos se deleitan al son de una melodía que mata en la quinta sinfonía y mis razones se prenden fuego para calentar el largo invierno que se queda. 


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