Estaba perdido entre el mar de la distorsión alcohólica y la
neblina del tabaco, aquella que no me permite buscarte. Esperaba tu auxilio
como aquella noche de un lunes, pero nunca llego, te extrañaba y te sentía tan
cerca y lejos a la vez, entre el recuerdo de tus besos y el cuadro de tu presencia colgada en las paredes de mis
sentimientos, en medio, en la decisión de alejarte y no saber más de ti por tu propia
voluntad.
Tenía en mis sueños planes tan absurdos como mis ilusiones tan egosentricas como mis intenciones.
Tenía en mis sueños planes tan absurdos como mis ilusiones tan egosentricas como mis intenciones.
Llego un día el cual decidí
respetar tu destino, aquel día mi mente colgo en la pared totalmente tu problema. Y
aunque mi corazón no lo entienda, encierro aquello que guardamos cautelosa mente
en un baúl que se perderá en los días y en el tiempo.
Me encuentro extraviado en un bosque repleto de luces y
sombras, entre el espacio de la neblina del aun tabaco que alguna vez me diste
a guardar, aquella que se convierte en el antídoto para no extrañarte, la dosis
perfecta para dejar de soñar en aquel futuro que hoy es mi peor enemigo, sueños
que fallecen con tan solo nacer, quiero encontrar al silencio… para que cuente
historias tan melancólicas como lejanas, tan dolorosas y dulces a la vez.
Estoy perdido, desorientado… no vasta tu recuerdo y mis
extraños que se hacen cadáveres como los minutos y el tiempo, Arjona me dice
que uno no está en el cuerpo si donde más lo extrañan, Sanz me dice que Hoy que
no estás, el mundo se ha vestido de gris; de pena, el cielo se va llorando por
el jardín. Hoy que no estás, mi cama no ha podido dormir… y yo no duermo por
estar pensando en ti.
Mis motivos se deleitan al son de una melodía que mata en la
quinta sinfonía y mis razones se prenden fuego para calentar el largo invierno
que se queda.