viernes, 11 de septiembre de 2009

Recuero de la infancia


Me encuentro al otro lado de la calle que forma mi vida. En realidad me vuelvo un instante, en esta tarde azul y con el nordeste, para contemplar todos esos ojos salvados, todas esas etapas cruzadas a través del tiempo y veo, a lo lejos, en el otro lado de la esquina, aquel rincón de la infancia.Cuando la analizo y me veo en ella, cuando retrocedo a esos momentos vividos de niño que hoy surgen como imágenes borrosas, pero vivas aun, en el recuerdo, me doy cuenta de la grandeza de ese tiempo ya pasado y que sin duda fue la cuna y la base de lo que yo pueda ser hoy, este caminante que se ah detenido un instante al otro lado de la calle.Es cierto que la niñez es un periodo de crecimiento, de absorción de conocimientos que nos desbordan los sentidos; es cierto también que es la época más egoísta del ser humano¿Pero quién no ha sido egoísta en esa etapa?, ¿Quién no ha buscado ese beso, esa caricia, esa mano que le roce y esos labios que le digan la palabra amable y la que él desea?


Yo veo a esa figura al otro lado de la calle y la veo con unas arrugas precoces en su frente de niño, recordando profundamente; también le veo con aquellos sueños que llevaba en su alma mientras buscaba los personajes surgidos en los libros y que él, iba dando forma con su fantasía. Le veo crecer en un hogar humilde, en medio de la pobreza de amor, sin juguetes o con juguetes, vistiendo ropa usada del hermano mayor, lo veo irse al colegio sin muchas ganas de ir y tratar de adivinar el contenido exacto de lo que explicaba su profesora en aquel aula Pero también veo a esta figura en aquellas tardes interminables y que sin embargo siempre sabían a poco, porque pasaban en un suspiro.


Y lo veo en aquellos atardeceres, mirando al sol ocultarse en las nubes y los edificios, reposando sus rayos de luz color naranja rojizo en las aguas de nuestro mar, y lo veo, ya más tarde, en el final de su infancia cuando cambio aquel escenario, por el de la costa gris, y tardes de nostalgia, noches confundidas, momentos que no supo valorar, llenándose de historias que su mente improvisaba, que su imaginación aun crea.No sé cuantos ojos tiene esta calle, esta que me ha visto crecer, me ha contemplado jugar, me ha visto sufrir, me ha contemplado llorar, me ha visto trabajar, me ha visto vagar, me ha visto desnudo, me ha visto elegante, y viéndolo bien no sé cuantas anécdotas más me separan ya de la infancia. Lo que tengo claro es que aquella fue una etapa hermosa, quizás la más hermosa de mi vida y que la misma sigue viva, que la recuerdo con el cariño del momentos ya pasado, que me enseño mucho, que me ayudo a ser como hoy soy, no tan bueno ni tan perfecto, no tan malo ni errado, simplemente necesario y justo para que el poco mundo de mi realidad pueda aceptarme y quererme, al menos fuera de mi imaginación y fuera de mi cuerpo.

Añoro a veces mi infancia y mi juventud por lo sencillo que todo me parecía y en especial porque de ella surgía ese algo que hacía que mi cuerpo se estremeciera y descubra cosas nuevas en mi vida, que sintiera el soplo de la brisa en mis cabellos imaginando que la vida viene por mí, que notara el latido de la vida en el mar y las estrellas.



La infancia y hoy, hermoso calle que separa esos dos momentos de una vida, de mi vida. Sin embargo aunque admire aquella infancia, aunque la añore y la tenga muchas veces en mi recuerdo y vuelva a ella para vivir viejos sucesos , no renuncio a mi hoy, a mi realidad, a mi día a día , en este otro lado del puente en el que vivo. Porque en definitiva, yo soy quien soy, con mis defectos y virtudes, gracias a aquellos primeros ojos de esa calle que comencé a cruzar, hace ya algunas años

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